En el marco del congreso internacional de drones, Juan Molina, secretario de la Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas (Fearca), analizó el presente y futuro de esta tecnología en el campo. Aunque reconoció su enorme potencial, advirtió sobre la falta de legislación, el riesgo de colisiones aéreas y la necesidad urgente de capacitar a los operadores.

La adopción de drones en la agricultura avanza a pasos agigantados. Sin embargo, su irrupción en el espacio aéreo y en los esquemas de aplicación genera debates clave sobre su convivencia con la aviación agrícola tradicional, la regulación y las buenas prácticas agrícolas.

¿Reemplazo o complemento del avión?

Ante la consulta sobre si el drone llega para sustituir al avión agrícola, Molina fue claro: «En algunos casos lo puede reemplazar, en algunos casos lo complementa. Probablemente hoy por hoy no es lo más eficiente como para reemplazarlo al 100%, pero sí se puede decir que es un complemento».

Uno de los puntos en común entre ambas tecnologías es la necesidad de medir y calibrar. Según el secretario de Fearca, los pilotos de avión son quienes poseen un mayor conocimiento en pulverización debido a que los volúmenes de aplicación son similares a los de los drones.

«Estamos acostumbrados a medir, porque si no, los tratamientos no funcionan si no lo calibrás. Ahora con los drones se ve la necesidad de empezar a medir y regular mejor la tecnología para no tener problemas», explicó Molina.

La física de la aplicación: el drone «no es mágico»

Aplicar con un dron requiere entender las dinámicas propias del equipo. La gota que sale de un dron no es igual a la de un avión debido a la turbulencia característica que generan sus hélices.

«No es mágico. Pensar que compramos un drone, que va a ser automático, pongo un tamaño de gota, hago cualquier cosa y ya está, probablemente no va a ser lo mejor. Conociendo los tamaños de gota y las capacidades podemos optimizar recursos mucho más», advirtió.

Uso del espacio aéreo y riesgo de colisiones

Uno de los reclamos centrales de Fearca radica en la regulación del espacio aéreo compartida entre aviones y drones. La rápida adopción de estos dispositivos ha llevado a que caigan en manos de personas sin el criterio o la formación adecuada, incrementando los riesgos operativos.

Molina enfatizó la necesidad de establecer pautas claras de convivencia:

  • Prioridad de paso: «Si estás aplicando con el drone y empieza a trabajar un avión, el drone debería aterrizar y esperar a que termine el avión —que es cuestión de un rato— y continuar trabajando».
  • Prevención de accidentes: El dirigente confirmó que ya han existido incidentes y colisiones entre drones y aviones agrícolas por el desconocimiento de estas normas básicas.

Urge capacitación para evitar derivas y accidentes

El principal cuello de botella de la tecnología no es el equipo en sí, sino la falta de formación de los usuarios. Se suele comercializar al drone como una herramienta totalmente automatizada, ignorando los conocimientos agronómicos y aeronáuticos requeridos.

Entre los principales riesgos señalados se encuentran:

  1. Derivas no controladas: Provocadas por operar en condiciones de inversión térmica o sin considerar la climatología.
  2. Desconocimiento agronómico: Errores graves por parte de operadores que no saben identificar ni diferenciar un cultivo de otro al momento de aplicar.
  3. Manejo de productos: Manipulación de fitosanitarios sin el entrenamiento adecuado.

A pesar de estos desafíos, desde Fearca concluyen con una visión optimista sobre el futuro de la herramienta: «Los drones bien utilizados son una herramienta espectacular».

El reto actual pasa por acompañar el salto tecnológico con responsabilidad, regulación y educación en el territorio.

Mas Info en: https://congresodronesarg.com/