La eficiencia en el uso del agua, la fertilidad del suelo y el manejo integral de los cultivos fueron algunos de los principales conceptos desarrollados por Cristian Álvarez, integrante del INTA y de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa, durante su participación en el Simposio de Fertilidad 2026.

El especialista explicó que uno de los conceptos centrales para comprender el potencial de un lote es el de «ocasión productiva», vinculado a la capacidad del suelo para captar, almacenar y entregar el agua disponible para los cultivos.

«No se trata solamente de cuánta agua tenemos en el ambiente, sino también de cuánta eficiencia tiene el suelo para cosecharla y entregarla a las plantas. Esa capacidad es la que determina diferentes ocasiones productivas», señaló.

En ese sentido, indicó que el estado de salud de los suelos está condicionado por múltiples indicadores, entre ellos la disponibilidad de nutrientes, los niveles de pH y los procesos de acidificación asociados a la pérdida de calcio y magnesio, además de deficiencias de fósforo y azufre. Estas limitantes, explicó, generan un impacto directo sobre la productividad de los cultivos.

Álvarez también compartió resultados obtenidos en trabajos realizados sobre alfalfa, donde la compactación del suelo apareció como una de las principales restricciones productivas. «Las durezas o macetas de suelo asociadas a procesos de compactación fueron una de las variables que más nos impactaron, pero también observamos una gran respuesta al agregado de fuentes fosforadas y azufradas, que permitieron alcanzar producciones muy importantes», afirmó.

A partir de esos ensayos se conformó una red de evaluación que permitió estudiar de manera independiente el comportamiento de cada nutriente y cuantificar la extracción que realiza el cultivo. Esa información fue utilizada para elaborar balances nutricionales y ajustar las estrategias de fertilización.

«Vimos la importancia de nutrir con fósforo y azufre, mejorar el estado físico del suelo y aprovechar cada milímetro de agua que ofrece el ambiente. Hoy, gracias a una mejor capacidad de diagnóstico e interpretación, estamos alcanzando niveles de producción cercanos a los 20 o 22 kilos de materia seca por milímetro de agua disponible», explicó.

El investigador destacó que cultivos como la alfalfa, los verdeos, la soja y el maíz deben analizarse como parte de un sistema integral de producción, donde el diagnóstico del suelo y la gestión de sus indicadores resultan fundamentales para mejorar la eficiencia.

Asimismo, remarcó que el objetivo no es únicamente incrementar la producción de forraje, sino también lograr una mejor distribución estacional y una alta calidad, adaptando la genética de los materiales a los distintos sistemas productivos.

Entre las prácticas que hoy permiten potenciar la productividad mencionó la planificación de la fecha de siembra en función de perfiles de agua completos, el manejo de la densidad y el distanciamiento entre plantas, junto con la fertilización como eje estratégico. Según indicó, estas herramientas hicieron posible desarrollar cultivos anuales en regiones donde años atrás parecía impensado, siempre bajo esquemas sustentables apoyados en la siembra directa, la nutrición y el manejo agronómico.

Finalmente, Álvarez resaltó el valor del intercambio de experiencias entre productores y técnicos como motor para acelerar la adopción de nuevas tecnologías.
«La palabra del productor hacia otro productor, o del productor hacia el técnico, es
fundamental. Ese intercambio permite conocer experiencias reales y seguir transformando
los sistemas productivos con información compartida»
, concluyó.

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